Noto que le rozaba suavemente, un frío intenso se apoderó de él, le gustaba esa sensación de frialdad, le era familiar. Ese leve roce le indicaba que había llegado el momento, era su única oportunidad y no podía desaprovecharla, llevaba tanto tiempo esperando que sucediese, sabía que no existían las segundas oportunidades, tenía que salir perfecto, tenía que gozar del momento y hacerlo durar lo máximo posible. Se preparó.
Notaba como iba descendiendo poco a poco, a merced del viento, un viento suave. Todo estaba oscuro, muy oscuro, pero veía a sus compañeros de viaje, tan emocionados como él, Para todos era la primera y única vez, no había marcha atrás ni otra oportunidad. Miraban de no choca unos con otros, esta vez eran pocos, había estado de suerte, eso facilitaba poder experimentar todo el placer de esa nueva sensación, una sensación que nunca volverían a sentir.
No hacía frío, tampoco calor, era la temperatura ideal, se lo habían contado tantas veces, siempre le decían que si hacía calor malo pues duraría poco, que si hacía frío tampoco era bueno, pues no gozaría tanto, tenía que hacer la "temperatura ideal", nunca entendió que podía ser eso de la "temperatura ideal" ahora lo tenía claro, era la temperatura de la cual gozaba en aquel instante.
Se deslizaba despacio saboreando cada segundo, sorbiendo cada instante, era consciente de la fugacidad del momento y quería hacerlo eterno, que no acabara nunca, no tenía ninguna prisa. Le gustaba aquel balanceo a merced dl viento, aquella oscuridad que empezaba a disiparse gracias a una serie de pequeños puntos luminosos, no sabía lo que eran, pero le atraían, aunque estaban tan lejos... si los hubiese visto antes los hubiera saboreado más pausadamente, pero ahora tenía todos sus sentidos en lo que estaba haciendo, en aquella oportunidad de oro que le habían cocedido.
El camino se acababa, llegaba a su fin, el viento empezó arreciar con más fuerza y eso provocaba que el final estuviera más cerca, que viera como aquella aventura tocaba a su fin.
El roce con sus compañeros fue inevitable, se poso suavemente sobre el manto blanco que el resto de compañeros habían formado, le inundo una sensación de bien estar, había llegado al fin, había dejado de nevar y el pequeño copo de nieve descansaba en el mullido manto de nieve que cubría el suelo.
© - Núria Martínez -