Parecía que la tormenta había amainado. ya no llovía y las nubes empezaban a da r paso a un cielo azul.
Decidió salir de casa y acercarse al pequeño bosque cercano.. Pequeño, cada vez más pequeño a causa de la parte "nueva del pueblo" que se había comido gran parte de aquel remanso de Naturaleza en medio de la civilización. una vez más la Naturaleza perdía ante la fuerza del hombre. que pena! Aun así habían dejado un reducto lo suficientemente "grande" para perderse en él. lo suficientemente acogedor
Olía a tierra húmeda, a hierba mojada. todo el pueblo se impregnaba de aquel olor. Ojalá se pudieran embotellar las aromas de la naturaleza!
El pavimento esta empapado.pequeños charcos de agua lo surcaban, en ellos se reflejaba el azul intenso de un cielo salpicado de nubes de algodón.
Los árboles que rodeaban el bosque eran lo suficientemente altos para preservar la intimidad de su interior, con el espesor necesario para dejar colar aquellos tímidos rayos de sol que aparecían entre las nubes, confortables para anidar en ellos, prudentes y buenos oyentes para ser confidentes de sus visitantes
Vio un par de bancos de madera, eran nuevos. el bosque también tenia que ser confortable, debió pensar el ayuntamiento. Busco la roca grande y plana que siempre le servía de asiento, por suerte estaba en el extremo opuesto a la parte urbanizada, allí la calma era la reina, silencio solo roto por el movimiento de las hojas que parecían querer sacudirse las molestas gotas de agua y por el canto de algún gorrión
El otoño tenía prisa por llegar, y así lo demostraba. Seguía oliendo a tierra húmeda, a hierba mojada, ahora con más intensidad.
Cerca de "su roca" se había formado un enorme charco de agua, el sol le daba de lleno, arrancando de él mil y un color, las hojas vertían en él las gotas que las mojaban, produciendo al caer pequeños surcos en el agua, Se sentó y se quedo con la mirada fija en él.los rayos de sol le molestaban los ojos, pero no quería perderse aquel espectáculo. a los pocos minutos su curiosidad se vio recompensada, en el charco se reflejó el arco iris.
Levanto la mirada hacia el cielo y allí estaba, presidiéndolo, medio escondido tras una nube de algodón. sonrió, ahora, si pensó. se recostó contra el tronco del árbol que había detrás de la roca, cruzó las piernas como un buda y cerro los ojos.
Nadie sabe como llegó allí, nadie sabe de donde salió, jamás le habían visto antes, ni nadie supo dar razón de quien era. lo encontraron sentado en al roca, con una sonrisa que iluminaba su rostro, parecía feliz.