Miro al espejo que no devuelve mi imagen, no estoy he desaparecido, voluntariamente me fui, mi alma abandonó ese cuerpo terrenal para buscar nuevas sensaciones, para vivir aquel sueño perdido.
Y llegaste tú y pintaste de azul mis noches .
Una lagrima recorre mi mejilla, imperceptible, no se ve, no está, también las lagrimas marcharon cansadas de viajar por los surcos de mi cara, aquel camino que también se conocían, aquella monotonía de cada día.
Y llegaste tú y pintaste de púrpura mis días.
Un tímido rayo de sol atraviesa la ventana buscando una sombra que dibujar en la pared, no la encuentra, ella también se fue a explorar lo desconocida, harta del sin vivir al que la sometía.
Y llegaste tú y pintaste de carmín mi sonrisa.
Con tu paleta de colores hiciste regresas mi alma perdida en un mar de sueños inalcanzables, las lagrimas vuelven a preferir los surcos conocidos y la monotonía del vivir sin sentirlo. Mi sombra se resiste, pero el rayo la convence y de nuevo se dibuja en la pared.
Y llegaste tú y pusiste color a mi vida
El espejo sigue sin reconocer mi imagen ¿tanto he cambiado? Asiente afirmativamente, ¿tantas han sido las experiencias vividas en tan corto tiempo? La misma respuesta, sí.
Y llegaste tú y me ensañaste la paleta de colores más maravillosa
La imagen empieza a ser borrosa, no sé ni tan solo si soy yo, ni tan solo si es un recuerdo de lo que fui o una visión de lo que seré, ¿qué más me da? Sí...
Llegaste tú y pusiste música a la vida.
Notas y colores que se funden en un nuevo ser, colores y notas que toman forma de pequeña forma de vida..
Y llegaste tú y llenaste el vacío.
Azules las noches con notas de bellas melodías, púrpuras los días con el sonido de tus risas.
Y llegaste tú para hacer sentir una nueva vida.